
Nada pinta mejor a la política argentina que el método para elegir a los candidatos presidenciales. ¿Elecciones internas? ¿Voto directo de los afiliados a los partidos políticos? Pues no. El ámbito donde se elige a los ciudadanos que tal vez conduzcan los destinos del país es bien familiar: puede ser durante una sobremesa en el asado del fin de semana. O en la cama matrimonial. Y nadie lo discute.
El caso más conmovedor y romántico es el de Cristina Fernández de Kirchner, cuya nominación para la candidatura presidencial se decidió en los 30 metros cuadrados del dormitorio de la Residencia de Olivos. Su marido, el presidente Néstor Kirchner estaba convencido de que sólo ella podía continuar su obra. Es el único caso en el mundo occidental de un presidente «democrático» que elige al sucesor dentro de su lecho matrimonial.
Pero seamos más justos aún, el beneficio del apellido también excede al movimiento creado por Perón. El jefe de Gobierno electo porteño, Mauricio Macri, y propulsor de los cambios en la política criolla también tiene su pariente candidato: Jorge Macri es candidato a vicegobernador en la provincia de Buenos Aires.
No es de extrañar entonces que, cuando estos candidatos sean electos, procedan con un sentido muy familiar. Designan en los principales cargos a parientes y amigos. Los organigramas de los ministerios y de las oficinas del Estado se asemejan a grandes árboles genealógicos.
Y soy bien objetivo. Todo esto lo digo después de haber revisado una y otra vez mi álbum familiar. Soy un fracasado. ¡No tengo un solo candidato en mi familia!
Triste pero real...
PD: tomado de http://www.elmundo.es/especiales/2007/09/internacional/elecciones_argentina/blogs/chimichurri.html